Opinión Comunicación política

El insulto que le regala votos al insultado

Bolsonaro y los nueve dedos de Lula. Hipólito Mejía y las amas de casa. Dos frases, dos países y un mismo error.

Hay tropiezos políticos que se repiten de un país a otro, con otros nombres y otros acentos, pero con la misma mecánica.

Jair Bolsonaro volvió a referirse a Lula como el de los «nueve dedos», burlándose de un accidente de trabajo que le costó una parte de la mano. Quiso rebajar al adversario. Lo que logró fue recordarle a Brasil que Lula fue obrero, que se lastimó trabajando y que sigue en pie. Eso no genera rechazo; genera simpatía.

En República Dominicana ya vimos algo parecido. En 2012, Hipólito Mejía quedó envuelto en una polémica por sus comentarios sobre las amas de casa, a quienes se les atribuyó la costumbre de llevarse pedazos de carne de las casas donde trabajaban. Nadie necesitó mucha explicación para entender cómo cayó aquello en miles de hogares.

En ambos casos el político buscaba un efecto sobre una persona y terminó golpeando a un sector completo. Para muchos brasileños, Lula es ese trabajador que perdió un dedo ganándose la vida. Las mujeres que trabajan en casas ajenas tampoco son material para una ocurrencia de tarima: son trabajadoras, y merecen respeto.

Cada quien oye desde lo que ha vivido, y quien se reconoce en el ofendido se siente ofendido también.

El error de fondo es creer que el votante escucha al candidato como lo escucha el rival. No es así. Por eso la lengua puede abrir heridas que ninguna campaña publicitaria logra cerrar.

Y quien intenta humillar a otro corre el riesgo de quedar humillado ante la gente que quería convencer.

Saudy Martínez de la Rosa Artículo de opinión